Nunca entendí aquel cacareado terror del escritor ante la hoja en blanco. Siempre tuve la impresión de que era la sensación opuesta la que debería suceder, la de salir al camino, la de todas las posibilidades, de libertad, de vida nueva. La razón primera del temor ante una hoja en blanco acaso sea que no se tiene nada que decir, caso en el cual lo mejor es abstenerse de decirlo.
Una sensación similar a la de la hoja en blanco es la del otoño en sus primeros días. Cuando las primeras ráfagas dan tregua a la piel, donde reside el espíritu, comienza lo posible. Ya no nos acompaña el aroma del cuero de la valija, ni el de la minúscula madera de los lápices; ahora son otros los estímulos que nos anuncian que tenemos una nueva oportunidad de alejarnos de la distancia, de regresar a nosotros mismos a través de lo que hacemos, de intentar una vez más lo que no conseguimos, lo que no supimos.
El otoño acaba de comenzar en Catalunya, y se nos presenta como una nueva hoja en blanco, como una temporada de radio por delante, para estar juntos, ustedes y nosotros. .
Para llegar a este recomenzar, hubo que pasar por varios episodios, de los que sentimos la necesidad de comentarlos con ustedes, quién sabe si la radio se mete en la vida de la gente, o al revés. Mientras no estuvimos juntos se cumplieron 32 años del golpe de Pinochet en Chile, con el regalo de las cuentas secretas en Suiza que se le descubrieron; se fueron dos poetas que forman parte de nuestra vida, la una de la canción, como es Eladia Blázquez, el otro del ring, el gran Nicolino Locche; la premeditada casualidad se ensañó con los ilegales en París, con los incendios sospechosamente hilvanados de tres edificios donde habitaban. También perdimos ese sueño de vivir en música que era New Orleáns, y que de todo corazón deseamos recuperar.
Pero si nos inculcaron que la noticia implica casi necesariamente desastre, conservemos el permiso de mirar hacia delante con optimismo. Tenemos la hoja en blanco, tenemos pluma nueva, y tenemos cosas que decirnos y tiempo y palabras y música que compartir. Al fin y al cabo, si es que la vida tiene algún sentido, tal vez sea el mismo que el del mate: estar un rato juntos. Bienvenidos a el tren.
sábado, septiembre 15, 2007
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