sábado, septiembre 15, 2007

10 de diciembre de 2005

A veces las noticias nos van llevando, como si alguien nos dejara miguitas determinando un camino. Bueno, en realidad esto sucede cada día, y probablemente seguirá sucediendo hasta que descubramos quién es el desgraciado que las deja caer, pero ahora me refiero a otra cosa. Estos días se divulgaron estadísticas, la más elegante forma de mentir, sobre la extensión del SIDA en el plantea. Por si no han tenido oportunidad de conocerlas, se las resumo: desesperanzadoras. Si bien por un lado los tratamientos están comenzando a dar resultados en casos puntuales (quién se atreve a pensar que esto puede dar origen a un jugoso negocio), lo que desesperanza o desespera son las indiferencias. La de la gente, en su comportamiento cotidiano, como si un virus que afecta a la especie humana no fuera con ellos, y ellas. ¿Cuántos sabríamos decir cuándo conviene hacerse la prueba del hiv? ¿Cuántos dónde se hace y cuánto cuesta? Yo no sería capaz de responder a todas esas preguntas con certeza absoluta. La otra es la de los poderosos. No hablo ahora de gobiernos, y tampoco quiero hablar del papa de roma y sus subordinados, aunque tal vez deberían revisar sus valores, y no digo los de la bolsa.
¿Cómo empezó esta historia del SIDA, de dónde salió el virus? Los laboratorios farmacológicos investigan, pero nadie sabe qué, como, ni a qué precio. Aunque conservo la inocencia, no voy a pedir que estas empresas, cuya fuente de ingresos es la cura de enfermedades, estén controladas, mucho menos que actúen con transparencia. Pero no estaría mal que pudiéramos saber, por ejemplo, qué resultados van teniendo en sus investigaciones, o cuánto invierten, para después cotejar si el valor de un medicamento tiene relación con esa inversión. Tampoco voy a pedir que el Estado se encargue de un tema tan vital, porque podría generarle ganancias.

Recuerdo la primera víctima de SIDA de que tuvimos noticia, era Rock Hudson y escandalizó más el hecho de descubrir su homosexualidad que el anticipo de lo que se venía.

Estos días, no sé cuál, se cumplen años, no sé cuántos de otra muerte, o de la media muerte posible de un artista y un hombre, al que no me atrevo a dedicarle elogios, por miedo a no merecerlo. ¿Cómo estar a la altura de las palabras, de la música, del arrojo creador, de la forma de vivir de Freddy Mercury?

Al final terminamos cayendo en lo que decimos que no nos gusta, que es recordar fechas, aniversarios, el día que nos dejó, pasó a la inmortalidad. Pero tampoco es verdad. Lo que este recuerdo nos devuelve, es lo que vivimos juntos.

Bienvenidos a el tren.

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