sábado, septiembre 15, 2007

15 de octubre de 2005

Instrucciones para escuchar la radio
Lo primero es prepararse, es decir disponer de los elementos materiales necesarios con antelación. Sé que el inicio del programa es tarde para ser previo, pero vivimos adaptándonos a la circunstancia, de modo que estas instrucciones pueden ser de utilidad aún en este momento, y también de aquí a un rato.
Uno de los bienes más preciados, más olvidados, más caros, o más olvidados por caros es el silencio. Y es necesaria en este punto la distinción. Que probablemente sería muy diversa si nos pusiéramos a analizar por unos minutos, pero que para la ocasión vamos a limitar a dos tipos: el de cerrar las ventanas y el de cerrar la semana. Para el primero basta con seguir las instrucciones de su denominación y apagar todos los huecos intersticios, aparatos que hagan ruido; hasta escuchar el silencio. Si en algún caso resultase imposible, nos conformaríamos con lo que supiéramos conseguir. El segundo es más difícil, y consiste en que ningún jefe, conductor, padre, expareja, examigo, recepcionista de hotel u operadora de radiotaxi nos siga molestando desde la semana que termina hasta ahora. No voy a explicar los múltiples métodos, casi todos orientales salvo la televisión, para conseguir un pensamiento en blanco. Servirá respirar profundamente tres veces, y dejarse llevar por la música y las palabras del programa que ya comenzó.
Hay que situarse en ese lugar de la casa donde estamos a gusto. Los conductores no tienen muchas alternativas.
Hay que tener a mano líquido, porque cantar viejas canciones seca la garganta.
Hay que tener algún pañuelo, porque trabajamos emociones.
Hay que tener pluma y papel, porque podemos dirigirte hacia un buen momento el próximo jueves.
Hay que tener un teléfono a mano, para avisarle a aquel corazón que está en el otro hemisferio, que están hablando de algo que todavía los une a los dos.
Hay que tener a mano una ventana, un pedacito de cielo, porque por ahí pasa la radio.
Hay que tener libertad para disentir, para coincidir, para discutir, y para aceptar lo diferente, porque todo puede pasar por la radio.
Esta noche de sábado por el tren pasa de todo y pasan de todos, ya van a ver. Bienvenidos al tren.

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