sábado, septiembre 15, 2007

18 de febrero de 2006

Esta semana amanecí un día con molestias. No recuerdo si fue el martes o el miércoles. Me desperté, quise estirarme y no pude hacerlo del todo, como si tuviera el cuerpo comprimido. Entonces me levanté. Pero el malestar seguía. Tengo la manía de buscar el origen de las cosas, de conocer la raíz de los problemas para comenzar a solucionarlos, supongo que derivada de haber nacido en una ciudad asolada por el psicoanálisis como Buenos Aires.
Me preparé el mate (tenía algo de prisa por terminar la yerba vieja, para probar una nueva que tengo en vista) y, hombre subsididado al fin, me senté a analizar.
Primero los descartes. No era el estómago, que suele identificarse cuando se trata de molestias. No era la economía, con la que estamos en plena batalla. No era el clima, el sol había lucido con razonable frecuencia y el frío intenso nos había dado tregua por un rato. No era Rato, Rodrigo, que apareció con una nota en La Vanguardia dando lecciones sobre la pobreza en el mundo, un caso puntual no provoca un malestar general. No era ningún general, que son llamados a silencio en cuanto alguno dice alguna idiotez. No era Mariano Rajoy, que en un programa de la TVC dijo lo que no dice cuando Diego lo contradice, parece ser que si habla acá el castellano no corre ningún peligro, y además comparó al Govern de la Generalitat con Franco, sin sonrojarse. No eran los socialistas, que juegan a fet i amagar entre ellos, y no hay quien entienda nada de lo que hacen o dicen.
No era nada de eso y sin embargo estaba. El mate llevaba lavado y no habia avanzado casi nada, cuando me enteré de que el principal partido de la oposición había expulsado a su portavoz en Lloret de Mar, Joaquim Teixidor, por pedir la dimisión del secretario general de su partido, Ángel Acebes, y del portavoz parlamentario, Eduardo Zaplana. Algo removió la noticia. Supe que contenía algo de la razón de mi angustia. Enseguida se sumó la noticia de un artículo del catedrático de Teología, Gonzalo Gironés, publicado en la hoja parroquial "Aleluya", en el que afirma textualmente que "el varón no pierde generalmente los estribos por dominio sino por debilidad: no aguanta más y reacciona descargando su fuerza que aplasta a la provocadora". Para cerrar, los cruces de declaraciones que se dieron con motivo del Congreso sobre víctimas del terrorismo.Todas estas noticias, estos hechos, y muchos más de los que aparecen en los medios de comunicación resultan del todo previsibles para quien lleve viviendo más de seis meses en el Estado. Previsibles las declaraciones, previsibles las reacciones, los voceros, las posturas, las ofensas, las mentiras. Cada tema tiene un guión establecido por el uso que se va repitiendo una y otra vez, casi sin variaciones. Es una sensación de espectador impotente de una comedia recurrente la que siento, condenado a observar los mismos diálogos de antes y de después. Nos han acostumbrado a vivir en un pensamiento único, predigerido en nuestro nombre, al que debemos ajustarnos para no ser señalados con el dedo y defenestrados sin atenuantes. ¿Era ésta, entonces, el pensamiento único, la razón de mi malestar de la mañana del martes? Sí, pero no del todo; algo me faltaba para comenzar a liberarme entendiendo.
Creo que hay algo más, algo más allá del pensamiento único, y que es claramente su consecuencia, pero que les voy a contar el próximo sábado: el no pensamiento.
Ahora la música, y que empiece el programa. Hoy todo Bersuit, ahora Yo. Bienvenidos.

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