¿Se dieron cuenta de lo que está pasando en Francia? Me corrijo adrede: ¿Nos damos cuenta de lo que está pasando en Francia? ¿Somos capaces de ponernos a pensar en este despertar apocalíptico de los dejados de lado? No nos equivoquemos, no son inmigrantes quienes toman las noches y las iluminan de rabia y molotov. Al menos no en el sentido del término socialmente significante, que va un poco más allá del que ofrece el diccionario. No son quienes por una u otra razón DECIDIERON irse y llegar. Son sus hijos y sus nietos. Son legalmente franceses y facial y dérmicamente inmigrantes. Porque tal vez deberíamos prescindir de la idea de desplazamiento en el significado de la palabreja. Ya no hace falta llegar a ningún sitio para ser inmigrante, basta con que lo hayan hecho los abuelos. A partir de ahora, podremos entender una cualidad genética en la inmigración, que se transmitirá por las generaciones, con todo lo que conlleva, exclusión, prejuicio, muéstrame los papeles, esto no está bien limpio, ahora ponte así, dile que no estoy, si te parece poco dinero tengo diez como tú esperando, sois todos iguales, parece mentira un país tan rico.
¿De qué será la factura que están pasando? ¿De la frustración propia? ¿De la exclusión de sus padres? ¿O de un colonialismo irracional que comenzó en el siglo XVI y todavía hoy conserva emplazamientos? Probablemente de todo eso, y también de las miradas de soslayo en el metro, de la diferencia salarial en el trabajo, de amores frustrados, de apellidos afrancesados. Nada peor que verse obligado a dejar de ser uno mismo.
El sueño de la Europa unida borra fronteras, y la rebelión sin forma apareció también en Alemania y en Bélgica, hasta el momento de escribir estas líneas.
¿Y en casa? No, aquí no llevamos tres generaciones de inmigrantes, apenas una, y recibe un trato exquisito.
Para algunas cosas no es tarde, habrá que descubrir para cuáles.
Mientras tanto, no estaría del todo mal que fuéramos aprendiendo alguna cosa nueva, o por lo menos reaprendiendo una antigua, por ejemplo que nada puede nada contra el equilibrio.
Bienvenidos a el tren.
sábado, septiembre 15, 2007
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