sábado, septiembre 15, 2007

29 de octubre de 2005

El cuerpo hecho

En la naturaleza del ser humano está la costumbre agazapada. Nos acostumbramos rápido a lo bueno, por gusto y por comodidad, y nos esforzamos inconscientemente en acostumbrarnos a lo malo, como una tabla sobre un mar violento, que diría el cubano, por simple supervivencia.
La sociedad argentina sufrió, durante su relativamente breve existencia, catástrofes humanas con cierta regularidad; sin embargo, la que devino del golpe militar del 76 no puede ser comparada con ninguna otra intervención de los militares en la historia del país. Tan es así, que a casi treinta años del asalto al poder y a 22 de su autohuida, siguen apareciendo noticias que nos espabilan esa tranquilidad que internamente anhelamos, de ese acostumbrarnos a pensar en otra cosa y descansar. Sucede cada vez que las abuelas identifican a un hijo secuestrado. Sucede cada vez que es noticia el encarcelamiento de los que participaron del genocidio. La noticia que nos sacudió la modorra del inicio del olvido esta semana fue la de la detención de varios represores directamente involucrados en el asesinato del periodista y escritor Rodolfo Walsh.
Walsh había nacido el 9 de enero de 1927, Choele-Choel, provincia de Río Negro. Según sus palabras, eligió el violento oficio de escritor porque era el que más le convenía de todos sus oficios terrestres. Con él testimonió de la historia de una época negra de la Argentina. Casi todas lo fueron.
El autor de "Operación Masacre" (1957) "¿Quién mató a Rosendo?" (1969) y Caso Satanowsky (1973) fue fundador en Cuba de Prensa Latina una de las principales figuras del diario Noticias.

"La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años"

Rodolfo Walsh fue emboscado y asesinado por un comando militar en la esquina de San Juán y Entre Ríos, en Buenos Aires, el 15 de marzo de 1977.
Tal vez nos acostumbramos a su figura de mártir, y dejamos de mirar la de escritor. Tal vez nos quedamos cómodos en su figura de víctima, y olvidamos la de creador. Si así fuera, ¿estaríamos colaborando en su muerte?
Prometo solemnemente despertarnos en alguno de sus textos, próximamente.
Tarea para la semana: hacer una lista de nuestras costumbres falsas. Aporto cuatro:
Nos acostumbramos a que qui paga mana, y a que esta afirmación no tiene límite ninguno.
Nos acostumbramos a creerle a la publicidad cuando nos dice que somos los mejores, y que nos merecemos cosas que no están a nuestro alcance.
Nos acostumbramos a mirarnos el ombligo y a partir de nuestro ombligo medir las distancias.
Nos acostumbramos a pagar más del 80% de nuestros ingresos por un derecho humano básico como la vivienda, y a enriquecer a quince especuladores sin escrúpulos ni madre.

Bienvenidos a el tren

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