sábado, septiembre 15, 2007

4 de abril de 2003

Parece ser que en buenos aires está cambiando el paisaje humano. Se ve que el descenso del precio del papel ha provocado la paulatina mengua del número de cartoneros que recorren las calles. Un negocio que parecía ser lucrativo está en retroceso. La economía del país se mueve. Si nos dedicáramos a la fabricación de armas de difusión masiva tal vez nos iría mejor. Pero ni dios permita que un día le hagamos la competencia al de arriba. Los que planean las acciones del proyecto común de nuestro país (Argentina) deberían tener en cuenta que cualquier intento de ocupar espacios ajenos sale caro. Si hay quien compara la evolución de un país con la de una persona, algún día llegará el momento psicoanalítico de matar al padre, metafóricamente hablando, desde luego. Es una etapa natural en cualquier desarrollo. Y si no que me desmientan los psicólogos, que muchos lo harán, o al menos me preguntarán qué opino, mucho más de lo que hace más de un gobierno. Ese día llegará porque la historia es elíptica y equilibrada, y todo tiene un final, todo termina. Quedémonos con esa esperanza. O con la que provoca que aquí, en Barcelona, se esté desarrollando un ciclo de conferencias sobre lenguas amerindias, a cargo de profesores españoles, o las muestras de cine latinoamericano que estos días se hicieron en Toulouse y Lleida. Cine latinoamericano. Un plomo. Todas historias con pe, pobres, perdedores y primidos (o, de, re). No como en Hollywood, ésas son historias. Salís del cine con lección, lagrimita y propósito de enmienda. Dicen que las fuerzas coaliadas organizaron el heroico rescate de una heroica soldado, negra para más datos, que había caído en una emboscada. Y la rescataron. En Los Angeles, en Washington ya están trabajando los equipos de guionistas. Si ganan, llenarán los cines de historias en color y sourround, y volveremos a salir con lección, lagrimita y propósito de enmienda. ¿Cómo pudimos? Y en las olimpíadas, todos de la mano y fair play. ¿Seguirán en guerra? ¿El siguiente después de Iraq? ¿Seguiremos en guerra? Sé que sabrán disculpar el cinismo. Me quedé pensando en lo anterior. No estaría mal un gabinete de crisis integrado por psicoanalistas. Podríamos tratar nuestra proverbial esquizofrenia. Podríamos hacer catarsis de la historia, reconciliarnos con nosotros mismos. ¿Podríamos? Ni idea, che. ¡Tranxilium para las mesas 1, 34 y 44!
Pescado Rabioso. Leemos algún capítulo de ‘El hombre que está solo y espera’, de Scalabrini Ortiz. La música, Facundo Cabral, Troilo y Grela, y alguna sorpresa...para nosotros.
Por ahí nos encontramos.

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