sábado, septiembre 15, 2007

5 de noviembre de 2005

sub

Este fin de semana tenía pensado hablar de la relación entre egolatría y asociacionismo en las comunidades latinas en el destierro, pero un e-mail se interpuso entre mis intenciones y yo. Era un texto largo, anónimo desde luego, producto de la idiotez multiplicada, que quería dar a entender una victoria de los argentinos sobre España, en un sueño delirante de fascismo y frustración.
Es probable que, si no lo han recibido aún, lo reciban próximamente; ya se sabe cómo va esto de las cadenas de e-mails. No voy a dar más detalles, porque sería sumar este programa a los descerebrados que propagan este tipo de cosas, pero sí tengo que admitir que tuve que detenerme a pensar.

Va más allá de mi entendimiento el descontento como elección. Es cierto que nuestra disposición es cambiante, que un día nos peleamos con el mundo y al otro día somos sus dueños. Es nuestra naturaleza y así la debemos aceptar. En algún punto está el equilibrio, y es arduo encontrarlo. Pero tenemos una franja donde movernos, sin salirnos demasiado de la sanidad mental. Si la felicidad bobalicona no es recomendable, menos aún lo es la autovictimización, que suele ir relacionada con una sobrevaloración. El razonamiento es sencillo: soy lo mejor, por tanto todos los demás son peores, que no permiten que desarrolle mis valores; por tanto voy acumulando rencor y diciendo idioteces.
A mí nadie me obligó a vivir en Catalunya, lo elegí. Nadie me obligó a aprender catalán, lo elegí y lo disfruto, con la excepción dels pronoms febles y de las benditas diéresis. Nadie me obliga cada día a quedarme, ni a irme.
¿Por qué se quedan los descontentos? ¿No les informaron que son dueños de su vida? ¿No saben que los caminos siempre nos alejan? ¿Por qué acumulan tanta rabia contra la tierra donde eligieron vivir? ¿Por qué llegan a tal grado de impotencia que no hacen sino sumar y compartir frustración? ¿Hasta dónde puede llegar la estupidez de un ser humano que es capaz de confundir identidad con invasión, de creerse vencedor de una batalla paranoica cuando en realidad lo que sucede es que o han convertido en mero cliente?

Comenzar una vida nueva en un nuevo país no tiene nada de fácil, a menos que vengas con recomendación. Hay momentos duros, situaciones difíciles, y muchas veces ganas de renunciar. Pero siempre, y todos, elegimos. A cada momento. Con mayor o menor condicionamiento, pero elegimos. Ahí reside la base de nuestra libertad.

Quienes despotrican contra el lugar donde viven, comen, se educan, pican cebolla, van al cine, proyectan, beben vino, cogen, escriben y sudan, desconocen uno de los principios básicos de la supervivencia.
Neguémonos a la idiotez, por favor.
Bienvenidos a el tren.

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