Alguien habrá dicho alguna vez que los ojos modifican lo que miran. No lo sé, en realidad, pero no es difícil que alguien lo haya dicho alguna vez. Porque algo de verdad hay en eso. Todos hemos caído alguna vez en la tentación universal de retocar con los ojos de la memoria o la retórica hechos, personas, libros, lugares, frases, goles, y a nosotros. La prueba es muy sencilla y está al alcance de cualquier iluso, cualquier ilusa (léase el calificativo con admiración) que desee pasar una tarde revisionista. Consiste en confeccionar una lista con los recuerdos que uno tiene de un acontecimiento medianamente remoto, descolgar el teléfono, llamar a alguien que lo haya compartido con uno y preguntarle por los detalles del hecho que conforman la lista. Infalible. En el caso de una persona, si es que uno tiene la fortuna de poder encontrarla al otro lado del teléfono, basta con llamarla y hablar de bueyes perdidos. Como los periodistas de antaño, contrastar la información que la memoria propia nos da. Otra cosa es el caso de un continente, más cuando uno nunca ha vivido sus días. Uno mira con la carga de información y de imaginación que fue adquiriendo, y con ese equipaje llega. Algo así le sucedió a Iván Puig, periodista catalán, compañero de Ràdio Ciutat de Badalona, que acaba de publicar Legado de Utopías, relato de un viaje de unos ojos y un entendimiento europeos por América, desde Buenos Aires hasta Chiapas, que los cambiaron. El libro es muy interesante, y el viaje también. De eso hablaremos con Iván Puig. Antes, Salzano como siempre, y también La Porteña, el tango desgranado por Mayte Caparrós.
De lo de Bush, el hijo de Bush, tengamos fe; tantas cosas sonaron a cuenta regresiva, y seguimos dando vueltas por acá...
Por lo pronto, seguimos con el tren.
Por ahí nos encontramos
Un gran abrazo del corazón
sábado, septiembre 15, 2007
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