Para quienes tomamos la decisión, con mayor o menor margen de opción y cada quien con su circunstancia, de irnos campo afuera, nos trajimos ya crecida nuestra educación sentimental. Es cierto que la vida en el nuevo mundo aporta noticias, e inauguramos sensaciones, experiencias y también sentimientos, que se van sumando a aquella educación, y si los años y la vida son muchos a veces terminan por cubrirla. De vez en cuando, entonces, nos cruzamos con aromas, palabras, melodías que nos llevan por un momento a aquella base, aquel núcleo de nuestra historia que nunca perdimos aunque no lo recordáramos. Y tenemos la tentación de pensar que lo que tuvimos fue un encuentro con el que éramos. O la.
Mucho de esta persona que el tiempo y el mar de por medio nos hace creer perdida se va quedando en la música, en las canciones que cuando jóvenes (más jóvenes) nos repetimos una y ciento cincuenta veces en el Winco, en el pasacasete National o en esa amante leal que es la radio.
Para quienes tomamos la decisión con mayor o menor margen de opción de irnos mar allá, y además vivimos el permiso de la democracia, las canciones de Miguel Cantilo forman parte de nuestra educación sentimental. En muchos casos, importante parte. De las figuras del rock argentino, Cantilo es a quien mejor trata el soplo de la poesía; Sus letras están cargadas de una belleza emocionante, que es sutil hasta cuando es también rabiosa. Revolución sin panfleto; filosofía sin doctrina, Miguel Cantilo nos deja su mirada inteligente sobre casi todas las cosas, y eso las dota de más belleza aún: es un privilegio para quienes no la tenemos poder disfrutar de esa mirada.
El sábado 22, con la excusa del día del estudiante (otra idea poética: celebrarlo en un país en el que casi nadie tiene de estudiante para toda la vida el corazón) Cantilo se presentó en Can Cabanyes, localidad de Badalona, Catalunya, una de las alaskas posibles, en un recital organizado por el Casal Argentino de esa ciudad y alrededores.
Cantilo con una guitarra llena el escenario y la noche enseguida, con una entrega total en cada canción, sea de fuerza o de ternura, de paz o de bronca. Llegó en clásicos y trajo temas nuevos, sin perder el clima que consigue formar con el público. Che ciruja, arrancame tu dolor. Allí la gente se mezcla. No podemos ver tanta mentira organizada. Con tu forma de ser libre estás edificando libertad. Y por supuesto, la península mía, y tu bahía. Cantilo fue una brisa perfumada de sur que vino a decirnos lo que necesitábamos escuchar.
Uno se va del recital con un sabor de boca delicioso, y con la sensación de haber vuelto a aprender que una vida mejor depende de nosotros.
Una mención aparte para el espíritu del Casal, que con ilusión, algunos brazos y muchas espaldas, sigue ofreciendo a la gente encuentros de calidad, todavía con menos repercusión de la que merece. El camino es árido, y desalienta, dice la poetisa, pero la tozudez, el trabajo y una dosis de fe que va más allá de lo habitual, van a hacer que el casal Argentino de Badalona se transforme en referencia de muchas cosas buenas, pronto.
lunes, septiembre 24, 2007
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